Ensalada Rusa

Uno de los mayores problemas del debate argentino sobre Malvinas es la tendencia a convertir una historia compleja en un relato binario. El reciente tuit de Myriam Bregman es un ejemplo de ello.

05/08/2026

Por Silvina Batallanez

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Uno de los mayores problemas del debate argentino sobre Malvinas es la tendencia a convertir una historia compleja en un relato binario. El reciente tuit de Myriam Bregman es un ejemplo de ello. En pocas líneas reúne a represores, combatientes de Malvinas, oficiales denunciados por torturas en las islas y Carapintadas como si todos formaran parte de un mismo fenómeno. Esa simplificación puede resultar útil como consigna, pero es muy pobre desde el punto de vista histórico.

Es cierto que hubo militares que participaron de la represión ilegal de los años setenta y también combatieron en Malvinas. La interpretación predominante en la justicia argentina y en buena parte de la historiografía define aquellos hechos como terrorismo de Estado y dio lugar a los juicios por delitos de lesa humanidad. Sin embargo, otros sectores —entre ellos numerosos militares, historiadores y dirigentes políticos— sostienen que en la Argentina existió una guerra contra las organizaciones armadas subversivas y cuestionan aspectos de esa interpretación. Se trata de un debate que, más allá de la posición que cada uno adopte, existe y no desaparece por ignorarlo.

Pero cualquiera sea la visión sobre los años setenta, una cuestión no debería prestarse a confusión: haber combatido en Malvinas no constituye una absolución de conductas anteriores o posteriores, del mismo modo que una eventual responsabilidad penal por otros hechos no elimina la participación de una persona en la guerra de 1982.

El reconocimiento a un veterano de guerra no es un juicio moral sobre toda su vida, es una identificación con un hecho concreto: haber participado en la defensa de la Nación durante un conflicto bélico. Si una persona cometió delitos antes o después de la guerra, deberá responder por ellos. Pero eso no borra su condición de combatiente, así como tampoco puede borrar otras responsabilidades. Mezclar ambos planos no fortalece la memoria histórica; la distorsiona.

Sin embargo, el mayor reduccionismo del planteo de Bregman aparece cuando incorpora a los Carapintadas en la misma ecuación. Al calificarlos simplemente como "golpistas", elimina toda la complejidad de un fenómeno político y militar que aún hoy sigue siendo objeto de debate por la absoluta ignorancia que existe sobre el tema.

Los movimientos Carapintadas fueron pronunciamientos militares. El término no busca minimizar ni exaltar la insubordinación frente a un gobierno constitucional. Simplemente procura describir con exactitud un fenómeno político que tiene una larga tradición en la historia española e hispanoamericana. Un pronunciamiento consiste en una rebelión militar destinada a presionar al poder político para modificar determinadas decisiones, sin que necesariamente tenga por finalidad asumir el gobierno o reemplazar el sistema institucional.

En ese sentido, los episodios protagonizados por los Carapintadas presentan diferencias importantes respecto de los golpes de Estado clásicos que marcaron la historia argentina durante el siglo XX, los que buscaron derrocar gobiernos constitucionales, asumir el poder, intervenir el Congreso, controlar la Justicia e instaurar un nuevo régimen político. Los pronunciamientos estaban dirigidos contra decisiones gubernamentales relacionadas con las Fuerzas Armadas en el tratamiento judicial de sus integrantes y el futuro desguace en Defensa que hoy es más que evidente. Fueron actos de insubordinación que pusieron en tensión al sistema democrático, pero reducirlos sin más a la categoría de "golpes de Estado" implica borrar diferencias históricas relevantes.

La misma simplificación alcanza a Mohamed Alí Seineldín. Su figura reúne dimensiones muy diferentes que deberían analizarse por separado. Fue un oficial con una destacada actuación durante la Guerra de Malvinas, posteriormente lideró uno de los pronunciamientos Carapintadas y desarrolló un pensamiento político nacionalista de vanguardia para su época que además, guste o no, sigue la línea de Belgrano, San Martín, Rosas y Perón.

Reducir toda su trayectoria a una única palabra —"golpista"— impide comprender la complejidad del personaje y reemplaza el análisis por el estereotipo. Asimismo, es desconocer que Seineldín fue uno de los militares en oponerse abiertamente al golpe de 1976 por considerar que los militares no estaban para gobernar sino para asumir la defensa de la Patria desde la subordinación al poder ejecutivo.

Del mismo modo, reconocer su actuación militar en Malvinas no implica compartir sus posiciones políticas posteriores. Tampoco cuestionar sus pronunciamientos obliga a negar su desempeño durante la guerra, como suele hacerlo el periodista Nicolás Kasanzew. La historia no funciona mediante cancelaciones retrospectivas. Cada hecho merece ser analizado dentro de su propio contexto.

La simplificación también conduce a otro error frecuente: asociar automáticamente la causa Malvinas con los Carapintadas. La inmensa mayoría de los argentinos que fueron a Malvinas jamás integró ese movimiento. Miles de veteranos continuaron sus vidas sin ninguna participación política o militar posterior y sostuvieron posiciones ideológicas muy diversas. Vincular el reconocimiento a los veteranos con una reivindicación del carapintadismo constituye una generalización injusta e históricamente insostenible.

Así se sustituye la verdad histórica por una lectura ideológica en la que un represor, un combatiente, un oficial denunciado por abusos y un Carapintada aparecen fundidos en una única categoría moral. Esa forma de analizar la realidad no busca comprender; busca sintetizar situaciones complejas.

La causa Malvinas antecede al PRN o últimas dictaduras, las sobrevive y continúa siendo una política de Estado reconocida por la Constitución Nacional. Del mismo modo, el fenómeno Carapintada solo puede comprenderse estudiando sus causas, sus protagonistas, sus diferencias internas y el contexto político en el que surgió. Pretender resumir ambos temas en un mensaje de redes sociales no solo empobrece el debate: también evidencia un desconocimiento de procesos históricos que exigen mucho más que consignas.

La historia no se comprende simplificando sino distinguiendo. Y cuando se renuncia a ello, el conocimiento deja paso al prejuicio, la propaganda política burda y la más absoluta ignorancia sobre todos los temas.

Silvina Batallanez